La actividad era intensa. Cada jornada se registraban 1.600 accesos al recinto, entre empleados y proveedores de servicios. De ellos, más de 1.200 correspondían a trabajadores estables que participaban en la construcción de las instalaciones destinadas a acoger la muestra internacional.
Sin embargo, la primera fase había resultado más complicada de lo previsto. Las características del terreno obligaron a realizar excavaciones mucho más profundas de lo esperado. Aunque inicialmente se calculaba que sería necesario alcanzar los 50 metros, en algunos puntos hubo que superar los 70 metros de profundidad para completar la cimentación.
Entre los edificios más avanzados destacaban los Pabellones de Participantes, cuya estructura subterránea ya estaba terminada. Se trataba de un enorme espacio de 96.000 metros cuadrados sobre el que se levantarían los recintos de los casi 100 países que se esperaba que participaran en la Expo.
El Pabellón de Aragón también había comenzado su segunda fase y ya contaba con el encofrado necesario para construir el suelo de la primera planta. Por su parte, el Acuario avanzaba a buen ritmo, aunque acumulaba unos pocos días de retraso que los responsables no consideraban preocupantes.
La Torre del Agua, concebida como uno de los grandes símbolos de la exposición, presentaba mayores dificultades constructivas, pero también progresaba según el calendario previsto.
Las excavaciones profundas, los turnos de diez horas y el levantamiento de los primeros edificios reflejaban la intensa actividad que vivía Ranillas a finales de 2006. Así lo contamos en Aragón Digital hace 20 años, cuando las obras de la Expo 2008 entraban en una nueva fase decisiva para transformar el recinto de la futura exposición internacional.